Bienvenido, Mr. Franco
Béjar, otoño de1949. Aleluya, hosanna y Francofrancofranco. Porque ha avisado el Gobierno Civil del advenimiento de Francisco Franco Bahamonde a la ciudad de Béjar, que se realizará dependiendo de la fecha de su viaje como Jefe de Estado a Portugal. Hay pleno extraordinario en el Ayuntamiento, y principia octubre, pero debe parecer víspera pascual en el consistorio, aleteando en los corazones concejiles el cuervo azul de las emociones fascistas. El Alcalde, Antonio Gómez-Rodulfo Rodríguez-Arias (empero, un solo hombre), presenta la apoteosis. Perdón, la moción. Consiste en crear la Medalla de la Ciudad, en sus grados de Oro y Plata. Literalmente, “la primera, como galardón a conductas ejemplares en defensa de la Patria o de Béjar, y la segunda como premio al genio, al talento, a los valores positivos, al heroísmo y en general a actuaciones destacadísimas de las que pueda enorgullecerse la ciudad o España”. Grandilocuente párrafo que, bien leído, hace imposible distinguir los metales. Un servidor, por cierto, tiene la distinción argentina (aunque no sabe dónde) de la ciudad estrecha, porque se concede automáticamente, per se, con el nombramiento de cualquier concejal (reconozco que, en mis locuras de mocedad, llegué a perpetrar semejante cargo) por más inútil o hijoputa que sea. Un servidor lee lo de genio, talento, etc y le entra la risa tonta.
Una vez creada la Medalla de la Ciudad, se otorga a Franco el colgante áureo, que será encargado a la madrileña Casa Villanueva y Laiseca, “como prueba de exaltado entusiasmo y de gratitud verdadera que el Concejo bejarano siente hacia el Generalísimo”. Ipso facto y ex profeso, así da gusto.
La visita oficial del dictador a Béjar deriva en una cascada de actos protocolarios. O, más bien, en su proyecto. Transcribo literalmente, incluidos gazapos del Secretario, del acta municipal de la sesión extraordinaria del 4 de octubre de 1949: “Recibimiento de S.E. el Generalísimo y Jefe de Estado en el Ayuntamiento y seguidamente ofrecimiento de la Medalla de Oro de la Ciudad; comida en el Casino de Bejar, por ser el local que reune mejores condiciones para éllo, visita a la Capilla de los Salesianos; inaguración oficial de la Escuela de Peritos Industriales; visita al Grupo de Viviendas Protegidas “Virgen del Castañar”; visita a una o dos fábricas textiles y recepción de los industriales en la Escuela de Peritos Industriales, con exposición de productos textiles, acordando la Corporación Prestarle su aprobación al programa de actos oficiales”. Con leves precisiones o modificaciones –en el Santuario del Castañar habrá tedéum, que es el himno teocrático de las solemnidades cesáreas, y luego se subirá a Llano Alto, para que el Generalísimo pueda admirar “el magnífico paisaje que desde punto tan elevado se contempla”-, este programa de actos será ratificado en la sesión posterior del 14 de octubre.
Dentro del paquete, para que la ciudad presente buena cara ante el Caudillo, también se dispone la ejecución de obras urgentes, como el arreglo de algunas plazas y calles, el “blanqueo de inmuebles y arreglo de fachadas, cursando oficio a tal fin a los propietarios respectivos” o el capricho de arte efímero consistente en instalar un arco de triunfo “entre el edificio del Asilo de Ancianos Desamparados y el Parque”.
Y algo decente tendrán que comer, los señores. Séame permitido, al respecto, citar una copla y una quintilla introductorias. La primera, popular y bejaraní, dice:
La torre del Salvador
se está cayendo de risa,
por ver a los bejaranos
con corbata y sin camisa.
La segunda es de Manuel del Palacio, referida a Lhardy (añádase mi público reconocimiento a la Wiki):
El que en su tienda repara
en apetito se enciende
y la vista no separa;
por eso lo que nos vende
cuesta un ojo de la cara.
Porque, efectivamente, hablamos del mítico restaurante madrileño. Se planea una espectacular operación de cáterin, sin precedentes en la ciudad estrecha, para 120 comensales. Lhardy entrega dos presupuestos, uno de 30.000 pts., y otro de 24.000. Respectivamente:
1)
Jamón natural
Canapés de fuagrás
Canapés de caviar
Bouchées à la Reine
(Botaina y Tío Pepe)
Petite Marmite
Turbantes de langosta o langostinos con salsa tártara y mayonesa
Espárragos con salsa holandesa
(Cepa Rhin 1920)
Capones trufados con guarnición
(Murrieta 1921)
Mousse de café
Macedonia de frutas al Kirsch
(Codorníu N.P.U.)
Café
(Bobadilla Gran Reserva y Anís del Mono)
2)
Jamón natural
Canapés de fuagrás
Bouchées de pechuga
Rizos de lenguado
(Viña AB y Cándido)
Consomé doble al jerez
Lubina fría montada con salsas tártara y vinagreta
(Murrieta, 1923)
Solomillo mechado asado con legumbres
(Paternina, 1920)
Biscuit glacé al Chartreuse
Tarta de moka
(Codorníu N.P.U.)
Café
(Coñac Larios 1866 y Anís del Mono)
Me viene el recuerdo de la ya añeja Canción para las manos de un soldado. Cuántos bejaranitos de aquel país hambriento habrían comido (y bebido; qué barbaridad etílica) por los 120 privilegiados comensales, o, mejor, por esas 24 ó 30 mil pesetas de entonces. Aunque las cosas no han cambiado tanto es este aspecto, es cierto. O no han cambiado nada. Las élites del poder siempre han gustado de disparar con pólvora ajena, la del pueblo.
Pocos días después de esta especie de jubileo consistorial bejarano, muere José Sabaté en un tiroteo con la policía, otro miembro más de la CNT caído en un mes trágico para la resistencia antifranquista. El día 22, ese criminal campante llamado Francisco Franco es recibido por su colega Oliveira Salazar. Y el día 25 se comete ese inmenso desacato moral: el Caudillo es obsequiado con el grado de doctor “honoris causa” en Derecho por la Universidad de Coimbra. Son dados los bribones a intercambiarse honores.
Por alguna comunicación que se escapa a mis pesquisas, Franco debió aplazar su visita a noviembre, según figura en el acta de la sesión plenaria del día 14 (no la anterior del 4, cuando se le concede la Medalla de Oro). No vino en noviembre. Después, tampoco vino. Era un criminal campante.
El 2 de diciembre del mismo año, el concejo bejarano concede la Medalla de Plata de la Ciudad a Mateo Hernández, recientemente fallecido. Tan soberbio republicano no la habría aceptado en vida. Paradojas de nuestra historia local.
Gabriel Cusac
Escritor






