La PDBB denuncia el tejado tóxico del Palacete

La plataforma por la defensa de El Bosque denuncia el mal y peligroso estado de la Cubierta de uralita del palacete del Bien de Interés Cultural.


La ponzoña cancerígena e ilegal de la uralita lleva instalada sobre el Palacete de El Bosque desde hace medio siglo, primero embreada y ahora descolorida, rota por el paso de los años, en sustitución de la teja tradicional con que originalmente se cubría. Desde la Plataforma para la defensa de El Bosque se exige el cumplimiento de la Ley con la retirada inmediata de este adefesio venenoso.



Los documentos del siglo XVI lo dejan bien claro: el Palacete de El Bosque se cubría con teja cerámica tradicional y no de otra forma, por más que ya entonces Felipe II introdujera el uso de la pizarra para las cubiertas y chapiteles en las obras reales de Valsaín, recuerdo exótico de su “felicísimo viaje” de juventud por los Países Bajos. El retejado que realizaba una cuadrilla de albañiles entre julio y diciembre de 1583 en la “casa del Bosque” no ofrece duda sobre ello, como tampoco las tejas que se compraron para el Palacio Ducal en fechas próximas, prueba del uso generalizado de este componente tan versátil de nuestra arquitectura (recordemos su presencia en las fachadas del hostigo). También era y es tradicional su armadura, construida en madera a base de caballete, limas y cabios, según se deduce de otro documento posterior –de hacia de 1719– en el que el duque Juan Manuel II informaba de las necesidades más perentorias del Palacete. No se aprecia otra cosa en la Vista de Lirios, de 1726-1727 (foto 1), donde la cubierta se muestra con los tonos rojizos propios de la teja, idéntica a la de la Casa del Bosquero y a los tejaroces de las cuatro puertas de acceso a la villa (las dos de la Justa a Poniente, la de servicio al Norte y la del Palomar al Oriente), similares a otros tejadillos rurales conservados en la zona (la de la puerta de la finca La Centena podría servir de ejemplo).

En ese razonable estado llegó la cubierta del Palacete hasta la segunda mitad del siglo XX, como queda de manifiesto en la foto 2, postal de los años sesenta, pero los nuevos tiempos del desarrollismo franquista, con su mal gusto pseudo-moderno por aquella artificialidad que conocimos (todo baquelita, formica, plexi-glas) dieron al traste con los materiales tradicionales y la teja fue sustituida por la rápida y “práctica” uralita (foto 3, su estado actual), entonces embreada para mayor protección frente al agua y, tal vez, para seguir a pies juntillas –pero sólo en apariencia– el revival por la pizarra escurialense (otra moda franquista que en 1963 trajo tejados nuevos al Palacio Ducal, los mismos que tiene todavía desde que allí los puso el arquitecto Tomás Rodríguez).



Pero resulta que la fea uralita no sólo es antiestética e inadecuada para nuestro mejor Bien de Interés Cultural, sino también altamente tóxica, cancerígena por su contenido en amianto, y la Ley exige su retirada bajo estricto protocolo. Nuestras autoridades locales y regionales están al tanto de la norma (hasta un ginecólogo pucelano debería conocer la Ley, cuanto más un alcalde o un Director de Patrimonio), así que no hay excusa para eliminar de inmediato el tejado ponzoñoso y sustituirlo por el que históricamente corresponde: una buena cubierta de teja curva cerámica sobre su armadura de madera, convenientemente aislada para preservar el noble edificio de los rigores del clima y evitar desastres como el del invierno de 2014. Y no vale otra cosa, tampoco la socorrida chapa roja que se extiende como plaga por los tejados de nuestras viejas fábricas, ni ceder a la tentación de enterrar la uralita venenosa en los mismísimos prados de El Bosque, como tal vez alguno haya planeado: estaremos vigilantes.

PLATAFORMA PARA LA DEFENSA DE EL BOSQUE DE BÉJAR

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