"Mi padre nació socialista como otros nacen rubios o pelirrojos...."

SIN CARNET.


Mi padre nació socialista como otros nacen rubios o pelirrojos. Yo crecí al amparo de sus ideas, de su forma de vivir, ya que las ideas sin el ejemplo de vida poco o nada valen. Mi padre jamás tuvo carnet alguno que avalara sus pensamientos e ideales. Vivió épocas muy duras de penurias, guerras y miserias, sentimientos que nunca nos trasmitió a sus hijas. Él siempre quiso ver su presente como un camino hacia la libertad, estaba seguro de que llegaría, y llegó. Y siguió sin afiliarse a su partido. Y siguió hablando de justicia social, de responsabilidad, de honradez, de honestidad,  de palabras que yo empleaba en los trabajos del instituto, que me costaron algún que otro disgusto.

Mi padre murió siendo socialista, sin carnet.

Mi hermana y yo nacimos socialistas porque heredamos el RH de mi padre, el grupo sanguíneo de mi madre (que desde luego no era azul) y además, la memoria del abuelo muerto, al que nunca reivindico, ni olvido.

Nunca tuve la necesidad de un carnet que me definiera las ideas, sabía claramente cuál era mi lugar en la sociedad y, sobre todo, cómo hacer las cosas.  Llegué al partido por propia voluntad, sin que nadie cuestionara mi ingreso, sin que nadie pusiera la menor resistencia ni la más mínima presión a mi alta. Recibí el carnet con ilusión y el acta fundacional con cierto nerviosismo, me pareció algo importante.

Hace unos días, decidí dejar la militancia de un partido que ya no respondía a mis ideales, en el que se primaban intereses personales, en el que las votaciones de los militantes eran agua pasada, en el que sentí poco a poco un deterioro de libertad. Me fui al final de una larga lista de personas que, antes que yo, habían tomado la misma decisión por los mismos o parecidos motivos. Yo conozco sobre todo los míos. Y descubro que, al parecer, no me puedo ir sin que me vapuleen, sin que me critiquen y descalifiquen porque he hecho no sé qué cosas y he roto no sé cuantas otras. No sabía que el PSOE era una secta en la que se podía entrar pero no salir. No sabía que pensar por mí misma estaba prohibido. No sabía que no se podía utilizar la palabra para entender y recobrar afectos… no, no lo sabía. 

Que más de 30 personas tomen una decisión y que las 30 estén equivocadas, como mínimo es curioso y cómo máximo al partido debería preocuparle. Pero como al parecer no le preocupa; nos hemos ido.

Una persona de las juventudes socialistas me dijo que no necesitaba carnet para llamarme compañera, mientras que un alto cargo de Salamanca me borra los comentarios que le hago en su facebook… pues eso, sin comentarios, pero con conclusiones.

Marina Hernández Martín

DIRECTO EL CORREO

El Correo TV