El parlamento regional reprueba de forma unánime los hechos homófobos de San Bartolomé de Béjar

El procurador socialista, Fernando Rodero fue el encargado  de presentar una PNL  dirigida a concienciar a los parlamentarios de la necesidad de evitar hechos como los acaecidos recientemente  en la localidad de San Bartolomé de Béjar y liderados por su alcaldesa.  

Fernando Rodero en las cortes regionales

 

En la proposición no de ley el procurador socialista defendió el concepto de educación en valores  en relación con “el respecto a las diferentes opciones”,  entendiendo que los actos homofobos son consecuencia de la incultura y falta de formación de las personas que los cometen. La PNL de los socialistas instaba desde el parlamento a que  La Junta de Castilla y León trabaje por ese “respeto a las diferentes opciones” en el área de la educación a todos los niveles y en este sentido fue aprobada de forma unánime por todos los grupos parlamentarios.

En la defensa de su proposición Rodero destacó los hechos acaecidos en el vecino pueblo del alfoz bejarano, San Bartolomé de Béjar.  “Pero cuando estás en tu casa y cuatro personas pegan una patada en la puerta y entra en tu salón insultándote por ser homosexual a ti y a tu pareja, todo esto delante de tu madre con 80 años, y te amenazan con romperte la cabeza, te das cuenta que no todo ha cambiado. Más cuando entre tus agresores se encuentra la Alcaldesa de tu pueblo”, destacó en su intervención , recordando lo acaecido en la localidad.


Fue la procuradora del Partido Popular Dª María Victoria Moreno Saugar, alcaldesa de Piedralaves, La que dijo que además de mostrar el apoyo a la PNL de los socialistas su postura en las cortes y por tanto su voto , era el del rechazo frontal a situaciones como las denunciadas por el procurador socialista. “La reprobación de determinados actos de políticos como el de la Alcaldesa de San Bartolomé de Béjar, mandan un mensaje muy importante a la sociedad y no estamos dispuestos a que esto ocurra”. Destacó el socialista



 ARGUMENTARIO
 

Cuando en tu adolescencia te das cuenta que te fijas más en los chicos que en las chicas de tu clase, que te atrae más la estatua del David de Miguel Ángel que la Venus de Milo, lo primero que sientes es culpabilidad. Culpabilidad generada por el entorno social que te rodea donde continuamente escuchas chistes y vejaciones de homosexuales.

Cuando incluso llegas a mantener relaciones con personas de otro sexo, pensando que así te vas a curar; cuando te acostumbras a mirar sin que se te note; cuando algo te impide contar a tu familia tus sentimientos, es porque la sociedad te ha trasmitido que tus sentimientos son una perversión.

Después de muchos años de sufrimiento, te atreves a contarlo y te aparece un sentimiento de cobardía por no haber sido capaz de hacerlo antes. Es en ese momento, cuando la tranquilidad de no tener que esconder nada, ni tampoco de tener que ir alardeándolo, empiezas a escuchar “yo no tengo nada contra los gays, es mas tengo un amigo gay”, te das cuenta que has pasado de ser algo a ocultar a ser alguien que transfiere aparentemente modernidad y corrección. Simplemente hemos pasado de criticar la homosexualidad en transformarla en algo políticamente correcto.

En los últimos años, muchos y entre ellos yo, nos hemos creído que estas situaciones habían cambiado. Pero cuando estás en tu casa y cuatro personas pegan una patada en la puerta y entra en tu salón insultándote por ser homosexual a ti y a tu pareja, todo esto delante de tu madre con 80 años, y te amenazan con romperte la cabeza, te das cuenta que no todo ha cambiado. Más cuando entre tus agresores se encuentra la Alcaldesa de tu pueblo.

Es cuando la agresión la dirige por un político, cuando más te preocupas pues sí desde el cargo de Alcaldesa en vez de favorecer la convivencia fomentas el odio en la sociedad, estamos perdidos. Cuando un político se cree con el derecho de actuar como el cacique del siglo dieciocho, cuando  un alcalde piensa que por serlo es el amo del pueblo, cuando un alcalde se permite decir en público “voy a echar a los maricones del pueblo” y no pasa nada, ¿no será qué nuestra democracia no es tal?.

Si en este país, una Alcaldesa puede gritar a una pareja homosexual: Dime cuál de vosotros es el hombre y cuál es la mujer, ¿estamos agrediendo a un homosexual o a la dignidad humana?  Cuando un político, mujer, pretende insultar a un hombre llamándole mujer, también está denigrando a las mujeres pues considera que ser mujer es un insulto. Si alguien denigra a los homosexuales y las mujeres y no pasa nada, ¿a quién denigrará después si nadie le para? ¿Puede una sociedad moderna permitirse políticos así? Políticos que tras sus ataques han favorecido los insultos y amenazas a través de las redes sociales, en las que se dirigen hacia nosotros como los maricones y han llegado a decir: “anda que no hay cosas para putearlos”, “que no os vean los maricones que os denuncian”, “si me tienen que denunciar que sea por un motivo como partirle los dientes” o las expresiones que expresan literalmente “su odio” hacia nosotros y provocaciones como cantar la canción “Quien es ese hombre” cuando pasamos a su lado.

La actuación de un cargo público arrastra las actuaciones de muchos ciudadanos, y crea una cultura social a la que se adhieren muchos, probablemente por incultura y falta de criterio. ¿A caso si lo dice el alcalde, no será verdad?

Pero no nos quedemos en actuaciones y agresiones que tendrán sus cauces judiciales, pensemos que tras éstas y, antes que éstas, el acoso recibido ha sido continuo, te arrancan los arboles de tu casa, te acusan de quemar los cubos de basura, de querer acabar con la dignidad de  un pueblo, simplemente porque te atreves a decir lo que eres y como piensas. Como dice el Procurador de lo Común en escrito dirigido a la Alcaldesa ante nuestra queja:

“En cualquier caso, debe tener presente esa entidad local la amplia formulación dada al ciudadano por la Ley 30/92, la cual  en su artículo 35 consagra los derechos que ostentan en su relación con la administración pública, entre los que incluye su derecho a ser tratados con respeto y deferencia por las autoridades y funcionarios”

Probablemente exista gente que piense que un homosexual no merece ese respeto y deferencia, sin embargo yo, aunque esto me parezca incomprensible, a ellos si les respeto, simplemente querría hacerles entender que no es así. No pido más respeto hacia mí y mi condición que la que yo les doy a ellos. Ni alardeo ni me siento orgulloso de mi condición, simplemente he nacido así y no soy culpable por ello, aunque durante muchos años así lo sentí.

Todo esto pasa porque la falta de educación y cultura que reduce la homosexualidad a las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, cuando la relación homosexual debe plantearse, al igual que una relación heterosexual, como la relación entre dos personas que se aman.

No basta con la actuación de los juzgados, no debemos sentimos felices con que cada vez más situaciones como ésta estén en los juzgados o que cada día los agredidos se atrevan más a denunciar. Lo que nos debería llenar de orgullo sería que cada vez existieran menos situaciones como ésta y esto, sólo se consigue, a través de la educación, la normalidad y la asunción por parte de todos de que la homosexualidad no es una perversión ni una enfermedad. Cuando nadie tenga que ir declarándose como homosexual como tampoco tiene que declararse nadie heterosexual, todos seremos iguales.

Conseguir esto es un problema político, los políticos pueden cambiar la sociedad no sólo con leyes, deben cambiarla con su ejemplo, no permitiendo que actuaciones como la de la Alcaldesa de San Bartolomé de Béjar queden en el olvido. Éstas deben ser reprobadas política y públicamente independientemente de las actuaciones judiciales. Si no las reprobamos y las dejamos pasar entramos en connivencia favoreciendo que esto vuelva a suceder.

Los valores aceptados por una sociedad que representan su cultura no se cambian de un día para otro, se cambian con el ejemplo y la reprobación de todas aquellas actuaciones como la ocurrida. Pero también se cambian a través de la educación en el respeto la diversidad, la igualdad entre hombres y mujeres independientemente de sus opciones sexuales. Porque como dijo Beltor Brech “primero vinieron a por los judíos, pero como yo no era judío”, la pasividad y la aceptación de lo malo como un hecho consumado acabara en que todo pueda ser permitido. Todos los hombres y mujeres  tenemos nuestras diferencias, nuestras diversidades y éstas son las que enriquecen nuestras  sociedad; no somos robots todos iguales a los que les podríamos cambiar su forma de pensar simplemente cambiándole un chip, tenemos nuestras particularidades, ¿acaso si no cortamos de raíz situaciones como la ocurrida, no vendrán mañana a por cualquiera de nosotros o nuestros hijos porque alguien les considera diferentes?
Por ello, desde la política la reprobación de determinados actos de políticos como la Alcaldesa de San Bartolomé de Béjar, mandan un mensaje muy importante a la sociedad: “no estamos dispuestos a que esto ocurra”. De esta forma, quizás no podamos evitar una agresión mañana pero sí podremos evitarlas en el futuro.

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