Carta abierta al Señor Consejero de Salud, de la Junta de Castilla y León, Don Antonio María Sáez Aguado.

 Estimado señor:

   Han transcurrido más de seis años desde que inicié mi queja ante la Gerencia de Salud de Área de Salamanca, que detallo más adelante y si no hubiera sido por la presión que se ha llevado a cabo por parte del Procurador del Común a instancias mías, aún se encontraría mi expediente escondido y olvidado en algún cajón de su despacho.
   Hasta tres escritos en distintas fechas le he dirigido a usted, sin que hasta el momento se haya dignado en responder por decencia de su cargo, e incluso incurriendo presuntamente en un delito de silencio administrativo, si es que no ha cambiado la Ley.





   Voy a tratar de resumir todos los hechos acaecidos puesto que el voluminoso  expediente que obra en poder de la Gerencia de Salud de Área, es suficiente de recopilar todos los hechos  que acaecieron a partir de mi accidente.
   El día 17 de Julio de 1908, sufrí una caída  que me produjo varias lesiones , entre ellas, la fractura de radio de la muñeca derecha . Fui atendido en el Hospital Virgen del Castañar, de Béjar, para seguidamente remitirme al Hospital Virgen de la Vega, en Salamanca, y atendido por el Servicio de Urgencias, por parte del cirujano, Don Ignacio García Cepeda, que una vez comprobada la fractura de radio, procedió al ajuste de dicha fractura con agujas Kigner, sistema que según otros especialistas, por aquellas fechas ya estaban obsoletas, y se procedió al enyesado posterior en un periodo de 40 días.
   Por negligencia, ineptitud, o por ambas circunstancias, las referidas agujas Kigner no surtieron el efecto deseado provocando un evidente desplazamiento del cúbito, como quedó demostrado a través de las placas que se hicieron y  donde se observaba con toda claridad las agujas sueltas entre el apósito de gasas.
   Tanto la fractura en sí, como el desplazamiento del cúbito, me ocasionaban fuertes dolores, por lo que de nuevo acudí a la consulta del Doctor García Cepeda, que decidió intervenir por segunda vez. En esta ocasión la intervención fue doble puesto que se me extrajo parte del hueso ilíaco de la cadera e injertado en la zona de la muñeca fracturada. Otros 40 días  de escayola y el cúbito seguía desplazado y los dolores en aumento. Incluso me dieron unas sesiones de rehabilitación que sin duda en estas circunstancias no son aconsejables.
   Por tercera vez acudí a la consulta del cirujano y en esta ocasión pude comprobar hasta donde puede llegar la desfachatez e ineptitud de algunos profesionales de la medicina . La opción que me propuso, fue "serrar" la parte del cúbito desplazado por lo que me negué rotundamente a ser intervenido de nuevo ante semejante barbarie..
   Como el citado cirujano no me ofrecía confianza alguna, me puse en contacto directo con el prestigioso Doctor, Pedro Cavadas, especialista en cirugía reconstructiva, en Valencia. quién en definitiva me libró al menos de haber quedado inválido para el resto de mi vida.
   Es obvio que se trataba de atención sanitaria privada y tuve que realizar tres desplazamientos a Valencia, que junto a los honorarios profesionales del Doctor Cavadas, ascendieron a poco más de 6000 euros, cuyo importe es el que exijo se me reintegre por parte de su Consejería. Los daños morales y físicos  y las secuelas que aún sigo padeciendo, no pueden ser cuantificados, pero lo pudo asegurar, que ni a usted mismo, a pesar de su total inhibición en el caso, le deseo tenga que pasar esta experiencia.
   Quiero hacerle constar que la denegación de mi queja que usted ha dictado o resuelto, la ha basado en informes emitidos por parte de los inspectores de turno, quienes curiosamente, ni me conocen, ni menos aún han tenido la oportunidad de haber observado mi brazo, puesto que jamás nos hemos reunido, a pesar de mi insistencia en este sentido, tanto con la Inspección, e igualmente con el Doctor García Cepeda.
   Una vez resumido el proceso de este accidente, le recuerdo que los derechos humanos según los describe el Papa Juan XXIII, en su encíclica Pace in Teris, dice: "Todo ser humano tiene derecho a la existencia, a la INTEGRIDAD FÍSICA, a los medios indispensables para un nivel de vida digna, especialmente en cuánto se refiere a la alimentación, vestido,, habitación, descanso. ATENCIÓN MÉDICA. y a los servicios sociales necesarios.... Tiene derecho también a la libertad para buscar la VERDAD, y, dentro de los límites del orden moral y del bien común, y defender sus derechos y así poder tener una objetiva información de los sucesos políticos". Dice también Juan XXIII, que dentro de esos derechos naturales, "está el derecho a un nivel de vida DIGNO, y el derecho a la libertad en la búsqueda de la VERDAD, más amplia y profundamente".
   Decía San Agustín, hace muchos siglos: "¿Eres juez?,. Primero júzgate a ti mismo para que puedas juzgar con conciencia limpia a los demás".
   Es demasiado extenso el tema de la dignidad. No obstante, me atrevo a recordarle con todo el respeto, que por el mero hecho de ser persona, implica, entre otros atributos, la capacidad de relacionarse e interactuar con las demás personas, algo que en su caso parece desconocer.


Atentamente, Agapito Muñoz Reyes
                       D.N.I. 8043613F

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