Heras publica su crónica de la UTMB una de las pruebas mas duras. Sus sentimientos durante la carrera y posteriores. VIDEO

MIEDO. Esa es la palabra. Esta vez era la sensación predominante en mí. Después de un año repleto de pequeños problemas que me hicieron "casi" perder la paciencia, plantarme en la salida de Chamonix era todo un reto.

El trabajo estaba hecho, los entrenos de las últimas semanas habían sido buenos, la logística de la carrera estaba preparada a conciencia, pero a pesar de todo los fantasmas del pasado no dejaban de rondar mi cabeza. 

Eran las 16:30 del 30 de agosto en la línea de salida del UTMB 2013 y estaba sonando a toda pastilla  The Conquest of Paradise. Se me pone la piel de gallina y  no es de frío. Ya no había marcha atrás. Cuenta atrás y a correr. Tengo muy claro que no voy a malgastar mis fuerzas hasta Courmayer. Una vez allí decidiría como comportarme en carrera. 

Como cada año se sale a toda mecha. Se hace un grupo por delante de mi de más o menos 10 corredores. Voy avanzando con cautela y con el mínimo esfuerzo. Intuyo que necesitaré bastante energía la segunda parte de la carrera. Salvamos la primera subida y nos dirigimos a Saint Gervais donde llego con 5 o 6 minutos de retraso sobre la cabeza. 

Salgo del avituallamiento dirección Les Contamines donde llegaremos con los primeros 30 kms realizados. Mis sensaciones son muy buenas pero mantengo la calma con el fin de llegar lo más fresco posible a los 100 kms. En Contamines realizamos la primera asistencia permitida por la organización donde me esperan Gloria y Pau con los repuestos de liquido y sólido que necesitaré durante las próximas 5 o 6 horas. 

Comenzamos la primera de las grandes ascensiones de la carrera, el col de Bonhomme. Poco a poco y sin apretar al máximo, voy alcanzando corredores hasta situarme en lo más alto de la ascensión dentro de los top 5. Una vez arriba comienzo el descenso con bastante tranquilidad y sabiendo que en cualquier momento aparecerán algunos corredores que han salido aun más tranquilos que yo. 

Kilometro 50 (Les Chapieux). Nada más entrar en el avituallamiento nos realizan un control de material. Un comisario bastante nervioso grita: Móvil, cortaviento y dos frontales con baterías de repuesto. Se lo muestro lo más rápido que puedo y salgo zumbando. al salir del control miro de reojo y veo a Anton Kuprika entrando en el mismo. En ese momento pienso que ya se está poniendo cada uno en su sitio y que iba a empezar la batalla antes de lo que pensaba. Ahora vienen 5 kms de asfalto pestosos que van picando hacia arriba y que nos dejará en el comienzo de la ascensión al Col de la Seigne. Me junto con Javier Dominguez y con Xavier Thevenard. Comienza la subida y nos distanciamos de Javier unos metros pero sabiendo que Anton y Julien vienen cerca. En efecto, vienen apretando fuerte y nos dan caza a mitad de subida. Desde aquí hasta Courmayeur vamos los cuatro juntos. Aquí Anton y yo hacemos un avituallamiento más rápido que Xavier y Julien y tomamos unos minutos de ventaja. 

Comenzamos la ascensión hasta el refugio Bertone a muy buen ritmo. Todo iba sobre ruedas, mis sensaciones subiendo eran muy buenas . En ese momento pensé que sería bueno seguir en compañía con Anton para afrontar los kms que nos llevarían hasta Arnuva, donde da comienzo una de las subidas importantes de la carrera. Aquí comienza lo que sería el desencadenante de la carrera. Mi estómago no me permite comer ni beber y "el tio del mazo" antes o después me va a visitar. 

Comenzamos a subir al Col Ferret y tengo que ceder ante Anton si no quiero reventar. Poco a poco empiezo a sentirme débil y mi estómago sigue cerrado, sigo ascendiendo como puedo pero consciente de que mi ritmo era el propio de un apajarado total. Enseguida me dan alcance Xavier y Julien y todos los fantasmas del pasado se me vienen a mi mente. 

Decido parar un par de minutos en el interior de la niebla que nos acompañaba en la parte alta del puerto y pensar en tomar una decisión para recuperarme. Me obligo a comer una barrita a pesar de tener el estómago hermético. Continúo caminando hasta el col a la vez que me prometo cruzar la línea de meta aunque me muera en el intento. Me esperan 21 kms de bajada hasta Praz de Fort y un avituallamiento en la Fouly donde espero tomar algo caliente para recuperar el apetito. Allí mismo doy caza a Julien y me motivo para ir a por Kuprika. Empiezo a recuperar sensaciones y me escapo de Julien lanzado a por Anton, al que doy caza justo llegando a Champex Lac(km122).

Salimos a la par de la asistencia y aprieto a tope para intentar alcanzar a Xavier. Sé que quedan 3 subidas y 3 bajadas muy duras y se van a hacer muy duros los 46 kms que restan. Comienzo a subir al col de Bovine y me doy cuenta que mi cuerpo ha quedado tocado del pajarón del col Ferret. Las sensaciones no son nada buenas. Me va a tocar sufrir si quiero entrar en meta.  

Después de Bovine, está Catogne y por último Tete aux Vents. Ufffff, que calvario...se me hizo interminable. Una vez arriba sólo queda bajar 1000 metros de desnivel y habré terminado.  

Una vez que entras en el pueblo de Chamonix el efecto que producen los aplausos de la gente es totalmente anestesiante. Ya no me duele nada, empiezo a pensar en todas aquellas personas que me han ayudado y apoyado para estar aquí. Se me empañan los ojos y apenas puedo ver la multitud de personas que esperan a los corredores en meta. La sensación de cruzar "esa maldita línea de meta" es indescriptible. En realidad me sentía muy feliz por TODOS AQUELLOS QUE SUFRIERON CONMIGO.

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